Hans Trujillo nació en Bogotá, Colombia, seis días antes de que Neil Armstrong pusiera su pie en la luna, pero desde los tres años vivió y creció en Ibagué por lo que se considera “Ibaguereño hasta el hueso”.

Desde muy niño sus padres le inculcaron el amor por la literatura, y a temprana edad ya se había devorado las obras inmortales de Homero, Miguel de Cervantes, Oscar Wilde, Edgar Alan Poe y Gabriel García Márquez. Cursó su bachillerato en el colegio Tolimense donde ya mostraba su innegable vena artística, la cual lo llevó a estudiar publicidad en la universidad católica de Manizales.

En 1,993 recibió su diploma de publicista y desde entonces puso su talento creativo al servicio de importantes agencias publicitarias en Colombia.

En 1,999 se traslada a los Estados Unidos para continuar su carrera como creativo publicitario, trabajando en algunas de las mejores agencias hispanas de ese país. Su destacada trayectoria cuenta con memorables campañas publicitarias y piezas audiovisuales que han sido galardonadas con prestigiosos premios de la industria en Estados Unidos y Latinoamérica. Actualmente trabaja para la agencia ZUBI Advertising en Miami, Florida.

Hans también ha explorado otras expresiones artísticas dirigiendo comerciales para televisión, cortometrajes y videos musicales para artistas como Rey Ruiz entre otros.

Con la muerte no se juega” es la novela (ficción, suspenso y drama) con la que este creativo hace su debut en el género literario, irrumpiendo con una obra repleta de experiencias de vida, anécdotas recopiladas a través de los años y una muy particular carga de imaginación que hace de su relato una historia fascinante.

“Baudelino Pinto es un joven fotógrafo que estaba en el momento y lugar correctos el 9 de abril de 1,948 en Bogotá, para capturar con su cámara el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán y de paso retratar por primera vez a “La Muerte”, quién desde ese instante lo comienza a perseguir como su sombra. Esto hace que el fotógrafo busque refugio en un pequeño pueblo cafetero donde monta su estudio fotográfico. Allí Lino, como le dicen sus amigos, se inventa la temeraria idea de retratar a sus habitantes después de muertos, creando el primer cementerio de fotos hasta ahora conocido. Para ello, el fotógrafo acomoda a los muertos de tal manera que los hace parecer como si estuvieran vivos, logrando así las más hermosas fotografías de los difuntos junto a sus allegados quienes incluso sonríen para la foto.

Pero a la muerte no se le ha olvidado que Lino tuvo la osadía de retratarlo, y finalmente decide cobrarle con su alma. Como una sentencia del destino el fotógrafo y la muerte se enfrentan por segunda vez, pero Lino no tiene intenciones de dejárselo tan fácil y los dos se enfrascan en un duelo de personalidades que desencadena el más inesperado de los finales”, se lee en su sinopsis.

Le ubican en Facebook.

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