MARIO ALBERTO ARIZA HERREñO es abogado, graduado en derecho y ciencias  políticas en Colombia, su país de origen. Hizo estudios de filosofía, teología y lenguas modernas, y cultiva el latín como lengua clásica.
El autor pondera los lineamientos de la crítica que considera a la novela estética como la mejor obra de arte literario, estilo del que fueron iniciadores Jim Joyce y Virginia Wolf, seguidos con posterioridad por algunos como Albert Camus, Kafka, Ernest Hemingway, Cortazar y otros. Aplaude los criterios de estudiosos como el jurista norteamericano Ronald Dworkin, profesor de las universidades de Nueva York y Oxford, que aconseja la lectura de la novela estética como método para ganar destreza en el ejercicio de la interpretación jurídica y, por extensión, útil en disciplinas tales como la filosofía y la teología, en las que la hermenéutica indaga por el significado de cada una de sus proposiciones.
Entre sus escritos figuran las novelas «A la Hora Señalada», «Filemón» y «La Isla de Cristal». En camino, las galeradas de «El Hombre Que  Quería Vender El Molino de Viento».
Reseña del libro La Isla de Cristal..
Esmídea es el mundo donde yacen Cristalia, Atlania y otros pueblos, unidos por idioma, religión y cultura. En medio de ese entorno paradisíaco de anchos mares, donde brilla la esmeralda y crecen las orquídeas, el sol manifiesta su esplendor.
Pero el espíritu tiránico, que acecha la libertad adondequiera, ha sometido a sus naturales a los juegos de poder de duros opresores. Con promesas de libertad y democracia , cada tirano obtuvo el apoyo de su pueblo, para luego, una vez en el poder, traicionarlo e imponerle un yugo peor que el anterior, del cual prometió liberarlo.
En tal escenario el espíritu rebelde enfrenta al opresor y a causa de la reacción, los perseguidos se ven obligados a la aventura de atravesar los mares, en precarias barcazas, con las que pronto alcanzaran la etiqueta de náufragos: madres que pierden a sus hijos en el intento de cruzarlos, pescadores, obreros, campesinos, expatriados, en fin, que aún ganando la otra orilla, mueren después ahogados por la nostalgia del regreso. Otros, a los que su aporte no le ha sido contado en los países  de arribo, son maltratados; y olvidada su calidad de refugiados, resultan deportados.
La metáfora esmideana recoge la lucha de los pueblos por la libertad, que deja su impronta en esta pintura íntima de la tiranía.

Deja un comentario